17 febrero 2007

Oh, Anna

Se fue. Con 39 años, y mucho por decir todavía. Tampoco es que me extrañe. La vida de Anna Nicole-Smith siempre estuvo unida al escándalo, la frivolidad, al large livin', y a los placeres de la carne, los propios y los ajenos. Con toda la prensa rosa americana pendiente de las verdaderas causas, y un juez ordenando la conservación del cadáver, su muerte parece que sigue en la misma línea.

La noticia del deceso ha trascendido mucho más allá de donde se podía pensar en un principio. Mucha gente preguntaba "¿quién era esa?" hasta que veían la foto. Entonces la mayoría asentía con un gesto de "¡Ah, sí, la conozco, pero no te creas que yo soy de esos que van viendo fotos de tías desnudas por Internet... oh, wait!".

Sus inicios en Playboy pasaron más bien desapercibidos, pero el comienzo de la Era de la Informática supuso un gran empujón a su carrera como modelo de fotografía erótica, y de ahí le vino todo lo demás. Cuando los ordenadores empezaban a mostrar en sus pantallas algo más que marcianitos y letras verdes, las palabras Youtube, ADSL o Gigabit no se habían pronunciado por boca humana. Nos conformábamos con diskettes (nada baratos, a los que hacíamos un agujerito para doblar su capacidad) en los que un amigo que conocía a un amigo que "sabía informática" nos grababa unas fotos que "había conseguido" en la Universidad que se veían "con mucha calidad, como en la tele". La estrella de aquellos primeras imágenes que nos ayudaron a comprender que el ordenador iba a significar mucho en nuestras vidas futuras era Anna, junto a otras Playmates (término que también aprendimos gracias a aquellas fotos) como Alley Baggett o Lisa Boyle. Sus fotos rellenaron el fondo de muchos escritorios. En España, la revista MAN fue la encargada de mostrar la octava maravilla a los iletrados que aún no tenían un ordenador en casa (ya iban siendo menos), dedicándole varios especiales y un poster desplegable de infarto. En Murcia escuché gente que la llamaba "Ana Nicolás Esmí". Con lo que os he contado, y viendo las imágenes, seguro que muchos la recordáis ahora.

Ningún hombre hubiese rechazado a Anna en la era de los 90. Y al igual que la decisión de muchos hombres se reduce a "la que las tenga más gordas", las chicas que no tienen miedo de ser ellas mismas acaban decantándose por "la cartera más llena". Así, Anna contrajo matrimonio con Howard Marshall II, magnate del petróleo, muy mayor y muy enfermo. La pingüe herencia que sin duda ella pudo prever, llegó en solo 14 meses. Eso es una inversión, y lo demás son tonterías.

Creo que poco después de encontrar a otro de sus hijos muerto (aparentemente de sobredosis), contrajo matrimonio con Howard Stern, su abogado, y otro señor con el riñón bien cubierto, por no dar más pistas.

Por si fuera poco, ahora que muchos se matan por reconocer a su hija, se dice que el verdadero padre podría ser una muestra congelada de semen del viejo, que ella tuvo la previsión de guardar. ¡Madre coraje!

Anna ha sido a la década de los 90 lo que Marylin Monroe fue a los 50. Adicta a la cirugía, se encontraba cómoda en el papel de Barbie explosiva que se le había adjudicado, y tras una época de abandono físico notable, de un tiempo a esta parte había recuperado, tirando de bisturí, la figura que tantos beneficios le reportara antaño, de la mano de las apariciones en medios necesarias para recuperar el caché en fiestas y saraos varios. Hoy, que la mayoría de sus fotos ya ni siquiera se consideran NSFW, siguen manteniendo el atractivo de sus orígenes, y de la historia que hay tras ellas.


En fin, ya que muchos nunca lo reconocerán, y Elton John no te escribirá una canción, espero que este post sea la voz de los que callan a la hora de admitir que sí que te conocían, que también vieron tus fotos, y que en algún momento, sintieron por ti esa atracción hacia los ídolos que muchos recordamos con una mezcla de afecto y nostalgia. Descansa en paz, Anna... si quieres.




Pongo a continuación algunos tributos de otras personas a Anna Nicole-Smith




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